Marcelo Cohen, que vivió 20 años en España, dejó claro que no quiere
lamentos. “Ya viví la queja de los españoles que se quejaban de las
traducciones hispanoamericanas durante los años de la dictadura cuando
eran las que les habían salvado la vida, porque a través de ellas
conocieron autores que de otra forma habría sido imposible. Y vivo ahora
la indignación cada vez mayor de los lectores latinoamericanos que se
quejan de que los libros llegan traducidos con el español de España. ¿Y a
qué quieren que los traduzcan? Es un problema de la economía global.
España se benefició de unas condiciones en la Unión Europea que le
permitió desarrollar una industria editorial con la que invadió
Latinoamérica con libros muy bien editados. Y mientras, aquí se
derrumbaban las editoriales. Pero ahora hay una cantidad enorme de
editores independientes que están haciendo algo que no se hacía desde
hace mucho tiempo: elegir qué libros queremos leer y traducir. Es
lamentable que los caminos para llegar a autores importantes sean
tortuosos, pero hay muchos más caminos y autores que hace 10 ó 15 años.
Claudia Piñeiro, autora de Las viudas de los jueves, confesó
que ella llegaba a los nuevos autores del continente a través de las
antologías, por las recomendaciones de algunos colegas en las ferias
internacionales y por las redes sociales. “Hoy no hay nada que provoque
una bomba de estruendo, menos un autor latinoamericano. El acceso va por
otras vías, por la curiosidad, por el azar. Por eso creo que tenemos
una función fundamental que es derramar lo que leemos como forma de
hacer circular la literatura”, señaló. Piñeiro contó que en alguna
ocasión oyó hablar del colombiano Tomás González y preguntó por él a dos
escritores colombianos. “Es el mejor de todos nosotros”, le dijeron. Y
sin embargo, era casi desconocido en Argentina. Y en España.
El chileno Alejandro http://cort.as/1wcE Zambra (Bonsái, Formas de volver a casa)
dijo sentirse sorprendido de que en Buenos Aires y en México DF hubiera
que dar tantos pasos para conseguir llegar a ciertos autores. “Me
conmueve ese tipo de búsqueda, que es como andar buscando droga. Y sobre
todo, que eso ocurra aquí en Buenos Aires, que para los chilenos es una
referencia obligada en cuestión de libros. Si sale en Argentina, el
libro existe”. La mexicana Guadalupe Nettel (El huésped) confía
en que buena parte de esos problemas se solucionen con el libro
electrónico. “Gracias a él vamos a poder centrarnos en lo que
verdaderamente nos importa, que es el texto”.
Un asistente a la charla preguntó qué lectura memorable recomendarían de sus respectivos países. Tomás González (La luz difícil+ http://cort.as/1wc6 ) se inclinó por La Vorágine
de José Eustasio Rivera, una narración “en la vena de la selva”, muy
asentada en la tradición latinoamericana. Guadalupe Nettel escogió El libro vacío, de Josefina Vicens y Los ingrávidos, de Valeria Luiselli. Marcelo Cohen optó, entre muchos otros, por Jorge Luis Borges y también por el Adán Buenosayres, de +Leopoldo Marechal+. Alejandro Zambra apuntó a Gonzalo Millán y Enrique Lihn. Y Claudia Piñeiro sugirió adentrarse en Zama y los Cuentos Claros, de Antonio di Benedetto.
El País
Comentarios