Hay textos llenos de sentido que están condenados a una muerte instantánea. Palabras dichas en voz alta a las que la memoria apenas da cobijo. De eso habla Fernando Iwasaki (Lima, 1961) en Arte de introducir, de las palabras que nacen para ser escuchadas una sola vez y cuya "propensión al desvanecimiento" tiene semejanza con aquellas materias que Aristóteles llamó "cuerpos sutiles". Es decir, "la espuma, el musgo, la nieve y el semen". En el libro, Iwasaki rescata las presentaciones, ese texto anfitrión que se lee ante la concurrencia para decir de un autor, artista o de su obra. Y al estar ahí impresas en el libro (Iwasaki recoge presentaciones que realizó durante las dos últimas décadas), es decir, quietas y observadas, se comprueba la convincente historia que se cuenta. Se escucha lo del "valor del tiempo no percibido" en la escritura de Javier Marías, o la "naturaleza social de la condición humana" en las novelas de B...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción