La esencia de un hombre, el cual tiene por espejo sus escritos, se afirma y verifica por sus actos. En efecto la línea infusa en la multiplicidad de espacio que recrea ese trotar en el escrito nos das la proximidad de avidez y rotura en sus planteamientos. Desde luego, se puede decir, que no es de extrañar que el discurso o alegato como hilo interpretativo de su entorno no sea más que una reivindicación al surrealismo. 1920 fue el año que le abrió las puertas Francia a Antonin Artaud, quien con apena 24 años comienza a incursionar en el teatro, pero ya antes había recibido los soplos de las actividades surrealista. Teniendo contacto con André Masson, Robert Desnos, Michel Leiris y Miró. “ A pesar del poco tiempo transcurrido desde que Artaud se había unido a nosotros, nadie, como él, supo entregarse tan espontáneamente al servicio de la causa surrealista... Lo poseía una especie de furor que no perdonaba, por así decir, ninguna de las instituciones humanas, pero que podía...