Una fatalidad pesa sobre toda superioridad física e intelectual, esa especie de fatalidad que sigue, a través de la Historia, los pasos vacilantes de los reyes. Es mejor no ser diferentes de nuestros contemporáneos. Los feos y los estúpidos son los mejor librados desde ese punto de vista en este mundo”. Estas palabras de Basilio Hallward, pronunciadas a modo de sentencia en el capítulo I de El retrato de Dorian Gray, advierten magníficamente del sino que comparten los dos personajes sobre los que va a versar este ensayo. Ambos dramas tienen un origen común: la soberbia. El joven galán y el anciano doctor se sienten superiores al resto de la humanidad: el uno, por su belleza; el otro, por su sabiduría. Esas cualidades jugarán, paradójicamente, en su contra, por ellas acabarán perdiéndose. Dorian no soporta la idea de que el tiempo marchite su beldad; a Fausto le pesa el conocimiento de que, a pesar de su vasta cultura, morirá con muchos interrogantes, co...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción