La literatura es el modo mismo de lo imposible. Esa imposibilidad, es el mismo modo que utilizamos para crear lo imaginario de un texto, para purificar la funcionalidad de los hechos de referencia que oscilan en lo interior, y que queremos desenmascarar a través del tintero, que no asimila el esfuerzo de darle vida a una historia que pulula por tiempo en nosotros. La contiguidad sorprendente de la literatura y del escritor forman parte muchas veces, de ese edificio que en el camino, y sobre todo por la experiencia que en determinadas ocasiones asumimos tras leer algún libro, muchas veces nos hace experimentar ciertos bailoteos, dejadeces o giros, y en el cual podemos decir que no es un hecho propio como me ha sucedido con este libro: El prisionero del cielo del escritor Carlos Ruiz Zafón, pero con menor fuerza que los demás libros. Ahora, ¿Es un hecho aislado esos giros propios de la literatura actual, el hacernos de la vista gorda, el no asumir a un escritor de n...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción