Alistair MacLeod, maestro incontestable del relato, juega a la naturalidad fingida en los 16 cuentos de Isla. El autor canadiense narra con palabras perfectas la vida ordenada y plácida bajo la cual se agazapa un desasosiego existencial. Sí, los cuentos del gran narrador canadiense Alistair MacLeod (1936) buscan el efecto de lo real, juegan a la naturalidad fingida, al efecto de lo real al que se refirió Barthes porque al fin y al cabo no hay más naturalidad en literatura que la fingida por la retórica del realismo, ni más realidad que la que surge del efecto artificial de perseguirla. Tan simple, tan precisa, tan unívoca, tan plácida y condenadamente ordenada parece la vida en los dieciséis espléndidos relatos de trineos, mineros, soledades frente al mar y graznidos de gaviotas, neblinosas playas y ancestrales tradiciones en el abismo de una necesaria modernidad recogidos en Isla: todos los cuentos, que al lector le sobreviene la sospecha de que bajo un apacible entorno...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción