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Mostrando las entradas etiquetadas como Oscar Wilde

Príncipe feliz

"Mis cortesanos me llamaban el Príncipe feliz, y en verdad lo era si el placer es la felicidad. Así viví y así morí. Y ahora que estoy muerto me han colocado aquí arriba, tan alto, que puedo ver toda la fealdad y toda la miseria de mi ciudad. No obstante, mi corazón de plomo, no hago si no llorar." Este cuento, de uno de los dramaturgos más destacado del Londres victoriano tardío. Una celebridad por su gran y aguzado ingenio. El 27 de mayo de 1895 fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzado por la campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual, recobró su libertad gracias las numerosas presiones y peticiones de clemencia por parte de sectores progresistas y de varios círculos literarios europeo, quien mas luego decidió emigrar a Paris y cambiarse de nombre. Lo que nos narra es la historia de una golondrina que se encuentra con la estatua de un príncipe, esta estatua esta forrado en oro, su espada tiene un rubí y sus ojos son de dos ...

El contemporáneo esencial

Creo que se ha infravalorado el papel de los inquisidores en la promoción de las más interesantes obras literarias. Oscar Wilde señaló que lo más decisivo de la literatura moderna se encuentra en los libros que no debían leerse. Para quienes crecimos y tratamos de desarrollarnos intelectualmente bajo la dictadura gazmoña y obtusa del franquismo, las fobias de los censores nos sirvieron a menudo como pistas para encontrar los autores que más necesitábamos. Franco era, heráldico, el Centinela de Occidente, pero en las garitas de la censura bibliográfica los que montaban su guardia prohibitiva eran los clérigos. Los mismos, por cierto, que hoy reclaman con vehemente elocuencia la libertad en la enseñanza que antes tanto obstaculizaron y que se alzan contra asignaturas “adoctrinadoras” como la Educación para la Ciudadanía pero siguen queriendo adoctrinar religiosamente en las escuelas… En aquellos tiempos, dos jesuitas —¡qué le vamos a hacer!— se sucedieron en la publi...

Dos hombres y un mito: el doctor Fausto y Dorian Gray

Una fatalidad pesa sobre toda superioridad física e intelectual, esa especie de fatalidad que sigue, a través de la Historia, los pasos vacilantes de los reyes. Es mejor no ser diferentes de nuestros contemporáneos. Los feos y los estúpidos son los mejor librados desde ese punto de vista en este mundo”. Estas palabras de Basilio Hallward, pronunciadas a modo de sentencia en el capítulo I de El retrato de Dorian Gray, advierten magníficamente del sino que comparten los dos personajes sobre los que va a versar este ensayo. Ambos dramas tienen un origen común: la soberbia. El joven galán y el anciano doctor se sienten superiores al resto de la humanidad: el uno, por su belleza; el otro, por su sabiduría. Esas cualidades jugarán, paradójicamente, en su contra, por ellas acabarán perdiéndose. Dorian no soporta la idea de que el tiempo marchite su beldad; a Fausto le pesa el conocimiento de que, a pesar de su vasta cultura, morirá con muchos interrogantes, co...