"Mis cortesanos me llamaban el Príncipe feliz, y en verdad lo era si el placer es la felicidad. Así viví y así morí. Y ahora que estoy muerto me han colocado aquí arriba, tan alto, que puedo ver toda la fealdad y toda la miseria de mi ciudad. No obstante, mi corazón de plomo, no hago si no llorar." Este cuento, de uno de los dramaturgos más destacado del Londres victoriano tardío. Una celebridad por su gran y aguzado ingenio. El 27 de mayo de 1895 fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzado por la campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual, recobró su libertad gracias las numerosas presiones y peticiones de clemencia por parte de sectores progresistas y de varios círculos literarios europeo, quien mas luego decidió emigrar a Paris y cambiarse de nombre. Lo que nos narra es la historia de una golondrina que se encuentra con la estatua de un príncipe, esta estatua esta forrado en oro, su espada tiene un rubí y sus ojos son de dos ...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción