Los diccionarios son uno de los muchos objetos que han desaparecido de la mesa de trabajo de escritores, estudiantes, investigadores..., junto con bolígrafos, cuadernos y tablas de logaritmos, sustituidos todos por un rectángulo iluminado provisto de teclado. No es que hayan per dido su utilidad, sino que las funciones que cumplían las cubren ahora un conjunto de programas y sitios web. Los diccionarios han servido para saber el significado de una palabra, cómo se integraba en una frase (los de construcción), con qué otras podía ir (combinatorios), para buscarla en otro idioma (bilingües), localizar equivalentes (de sinónimos), comprobar su escritura (ortográficos), para buscar rimas (inversos), o resolver problemas (de dudas). También han informado no sobre la lengua, sino sobre el mundo (enciclopédicos). A estas categorías históricas habría que añadir una nueva: las obras en colaboración, cuya máxima expresión son la enciclopedia Wikipedia, que ahora cumple diez años,...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción