Hay que leer a la vez estas dos traducciones de la gran obra del florentino para buscar la mejor interpretación: la de José María Micó y la de Juan Barja y Patxi Lanceros. Fue un hombre de aspecto hosco y altivo según los retratos que han llegado hasta nosotros. Un buen ciudadano extraviado por la política de una sociedad en guerra civil, escindida entre el Papa y el Emperador. Eligió el bando perdedor, fue condenado a muerte, se exilió, y ya no volvió a ver Florencia, su patria. A cambio, hizo del florentino la lengua de todos los italianos. Tan dramáticos elementos han hecho de él un poeta próximo al alma de los españoles. Hay una docena de excelentes traducciones, pero entre ellas sobresalen dos, la de José María Micó (Acantilado) y la que origina este comentario, la monumental de Juan Barja y Patxi Lanceros (Abada). Por fortuna, son tan distintas que no nos obligan a sancionar cuál sea la mejor. Las dos son mejores y el verdadero aficionado querrá tenerlas ambas. L...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción