Cuando, hace unos años, Caballero Bonald dijo que ya sólo iba a escribir poesía, no anunciaba un regreso (porque nunca se había ido del verso), ni tampoco una voluntaria limitación. Como sucede en algunos otros escritores, su obra nos ilustra sobre los borrosos límites de los géneros. La poesía intensifica lo que la narrativa disemina pero, al cabo, la tensión es la misma y el motivo de ponerse a escribir tampoco cambia. En este nuevo libro se nos dice que "la literatura no es sino un proceso electivo de circunlocuciones subterfugios requerimientos perífrasis tapujos" y nosotros podemos añadir que eso es lo mismo que está al fondo de Ágata, ojo de gato o de Diario de Argónida, de Manual de infractores o de La costumbre de vivir: en todos están "las poéticas libres la mística progenie / el torrencial reducto de materias sagradas libros árboles cuerpos versículos suras mantras glosas", que son los recursos de un escritor que sabe que la literatura es ...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción