Ensayo. La reciente reedición de Los trovadores, del profesor Martín de Riquer, agrupa en un solo volumen el contenido de los tres editados por primera vez en 1975. En el nuevo prólogo, Pere Gimferrer señala la enorme influencia de este libro durante siete lustros, no sólo entre eruditos, sino también entre poetas y lectores de poesía. Si incluimos en ese número a algunos escritores de canciones, el trabajo riguroso del eminente filólogo habría provocado ondas de amplia difusión en una cadena de transmisión poco usual, en la que el valor de los conocimientos se ha mantenido en el trayecto desde la cátedra hasta la plaza pública. Martín de Riquer ha contribuido decisivamente a reproducir el potencial expansivo de aquella escuela de versificación exigente, heredera de las normas de la poesía latina, pero escrita en romance vulgar. Propia de círculos cortesanos, la lírica trovadoresca generó una comunidad literaria en la que se relacionaron poetas de toda condición. Nacida en las tierra...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción