David Grossman vuelve al amor en Delirio. Pero ahora con un tratado sobre su envés: los celos. De su poder sobre la imaginación y la construcción del sufrimiento. Del infierno. El amor no existe. O mejor dicho, la persona amada no existe. Existe eso que construimos a partir de un detalle físico, un tono de voz, un perfume, sobre todo a partir de un indistinto deseo. Un día nos sorprende no hallar a nuestro lado ese supuesto ser amado, y a partir de nuevos detalles volvemos a crear (aunque a veces somos incapaces de crear) un nuevo objeto del deseo. El amor es un acto de creación continuo. Por lo general, el ser imaginado por nuestro deseo y el ser de carne y hueso mayormente coinciden. A veces, sin embargo, no, y el deseo inventa para satisfacerse personajes y argumentos irreales que desbordan de la pasión y se contaminan de pesadilla. Como punto de partida, basta un detalle, la boca, por ejemplo, "la boca en tensión, una boca que enseguida va a ser besada, que se rel...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción