Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Desconstruccion

Autodestierro del paraíso

David Grossman vuelve al amor en Delirio. Pero ahora con un tratado sobre su envés: los celos. De su poder sobre la imaginación y la construcción del sufrimiento. Del infierno. El amor no existe. O mejor dicho, la persona amada no existe. Existe eso que construimos a partir de un detalle físico, un tono de voz, un perfume, sobre todo a partir de un indistinto deseo. Un día nos sorprende no hallar a nuestro lado ese supuesto ser amado, y a partir de nuevos detalles volvemos a crear (aunque a veces somos incapaces de crear) un nuevo objeto del deseo. El amor es un acto de creación continuo. Por lo general, el ser imaginado por nuestro deseo y el ser de carne y hueso mayormente coinciden. A veces, sin embargo, no, y el deseo inventa para satisfacerse personajes y argumentos irreales que desbordan de la pasión y se contaminan de pesadilla. Como punto de partida, basta un detalle, la boca, por ejemplo, "la boca en tensión, una boca que enseguida va a ser besada, que se rel...

La subjetividad totalizadora

“La esencia del lenguaje a la cual los filósofos otorgan ya un papel principal-y que señalaría la noción misma de cultura-consiste en hacer brillar, más allá del dato, al ser en su conjunto. El dato tomaría una significación a la partida de esa totalidad. Pero la totalidad que ilumina no sería el total de una adición obtenida por un Dios fijado en la eternidad. La totalización de la totalidad no sería semejante a una operación matemática. Sería una conjunción o un ordenamiento creador e imprevisible, muy semejante, por su novedad y por lo que debe a la historia,, a la intuición bergsoniana. Es por esta referencia de la totalidad iluminadora al gesto creador de la subjetividad que se puede caracterizar la originalidad de la nueva noción de la significación irreductible a la integración de contenidos intuitivamente dados, irreductible también a la totalidad hegeliana que se constituye objetivamente”.

Leibniz y Caputo: el Dios de la cruz y su sagrada anarquía I-II

Después de lo dicho, quiero permitirme algunas precisiones. Quiero hacerlo, además, después de esta última idea. Creo que no hay que hacer mucho esfuerzo para notar las diferencias profundas entre la aproximación de Caputo y de Leibniz. Hay muchas razones para explicar esto, de orden histórico, temperamental, etc.; todas ellas son valiosas, pero pretendo sólo concentrarme en la forma de abordar el problema teórico en el que de por sí hay ya distancias enormes. No voy a detenerme más que para un breve esbozo ya que esta es la tarea de la cuarta sección; sin embargo, algunas cosas pueden ser adelantadas. En primer lugar, una diferencia grande tiene que ver con el deseo leibniziano de acercarse a la cuestión de modo sistemático. Hay en él una fuerte impronta epistemológica y un interés manifiesto por la verdad en esa clave. Lo interesante es que los temas de Caputo no son distintos, pero sí es muy distinta su manera de aproximarse a ellos. En él hay una preocupación real por...

Leibniz y Caputo: el Dios de la cruz y su sagrada anarquía I-I

Quiero que veamos las cosas desde un nuevo enfoque ahora, me interesa aproximarnos de una manera diferente a estos mismos problemas que han inquietado a Leibniz y a la humanidad toda durante siglos. La pregunta de fondo es, ¿cómo reconciliar las idea de un Dios bueno y todopoderoso con la de uno que permite el dolor y el sufrimiento? Hemos visto ya que Leibniz ofrece razones para sostener ambas posiciones, aparentemente, sin contradicción. Yo he expuesto las razones por las cuales los argumentos que nos ofrece son válidos hasta cierto punto, pero insuficientes desde la perspectiva del ser humano vinculado con ese Dios en una experiencia existencial de fe. Recordemos que uno de las formas más elementales, y no por eso débiles, de argumentar contra la existencia de Dios tiene que ver con la paradoja mencionada. Me parece que quedan dos caminos: o el de la fe ciega que detiene la reflexión para intensificar la creencia, legítima opción, por cierto; o el de quien opta por tra...