En su Historia de la revolución rusa, Trotski justifica el triunfo de la revolución socialista en su país recurriendo a la "ley del desarrollo desigual y combinado". Simplificando: la explosiva coexistencia de diferentes modos de producción y de muy distintos grados de desarrollo social pueden producir un "salto cualitativo" en el proceso histórico. Ese habría sido el motivo de que, desafiando el cálculo de los marxistas "de cátedra", fuera en la atrasada Rusia, y no en las industrializadas Alemania o Inglaterra, donde triunfó la primera revolución proletaria. Del mismo modo, en las revoluciones pueden coexistir formas muy organizadas de lucha con otras primitivas, individualistas y "espontáneas". Todo vale. Ahora ocurre algo parecido. La protesta contra el capitalismo y sus recortes admite expresiones muy variadas. Ahí tenemos, por ejemplo, a los indignados neoyorquinos que acampan en Zuccotti Park (antes Liberty Plaza Park), a dos ...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción