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Mostrando las entradas etiquetadas como Aniversarios

El niño de los cien años

El niño.  Le dijo a  Elena Poniatowska , en una de las cuatro entrevistas que tuvieron, que se sintió mal de niño: “Sí, yo creo que fui un animalito metafísico desde los seis o siete años. Recuerdo muy bien que mi madre y mis tías —mi padre nos dejó muy pequeños a mi hermana y a mi—, en fin, la gente que me veía crecer, se inquietaba por mi distracción o ensoñación. Yo estaba perpetuamente en las nubes. La realidad que me rodeaba no tenía interés para mi. Yo veía los huecos, digamos, el espacio que hay entre dos sillas, si puedo usar esa imagen. Y por eso, desde muy niño, me atrajo la literatura fantástica”. La gente.  Su primer libro importante, o ambicioso,  Los premios  (1960), está lleno de gente que se va en un barco, de Buenos Aires a Europa. Gente vulgar, todo tipo de gente. Tiene esta admonición de  Dostoievski , nada más empezar: “¿Qué hace un autor con la gente vulgar, absolutamente vulgar, cómo ponerla ante sus lectores y cómo volverla inter...

El tren que paró la matanza

Los trenes tuvieron su parte de responsabilidad en la I Guerra Mundial: fueron fundamentales en la movilización de tropas —uno de los factores que hizo imparable la contienda— y luego continuaron llevando carne de cañón fresca hasta las trincheras. Es curioso, por tanto, que fuera en un tren donde acabó la guerra. Son muchos los trenes famosos, el Transiberiano, el Orient Express, el de Pancho Villa o el que atravesaba el puente sobre el río Kwai. Pero seguramente ninguno de sus vagones ha sido tan importante en la historia como el del tren del mariscal Foch utilizado para la firma del armisticio que puso fin a la gran carnicería de la Gran Guerra. En ese vagón desde luego no se gritó la mítica “¡Más madera que es la guerra!” como en el tren de los Hermanos Marx (donde tampoco se hacía), sino muy al contrario. Era el 11 de noviembre de 1918 y a las 5 horas y 12 minutos de la mañana los plenipotenciarios aliados y alemanes acordaban en el vagón el silencio de las a...

Las lecciones de 1914

Pocas veces un libro de historia consigue un éxito global tan contundente como el que ha logrado el catedrático de Cambridge  Christopher Clark (Sidney, 1960) con  Sonámbulos,  un ensayo de 800 páginas (más de 100 son notas) sobre el principio de la I Guerra Mundial.  Harold Evans  lo calificó en  The New York Times  de “brillante” y “fascinante”, mientras que el historiador R.J.W. Evans  escribió en  The New York Review of Books que era el “más consistente, sutil, perspicaz y provocador” de todos los libros publicados con motivo  del centenario del principio del conflicto,  que se conmemora este verano. El volumen, publicado en castellano por Galaxia Gutenberg,  ha sido un  best seller  en el Reino Unido, Alemania y acaba de ganar en Francia el premio Aujourd’hui a la mejor investigación histórica. “Los protagonistas de 1914 eran como sonámbulos, vigilantes pero ciegos, angustiados por los sueños, pero inconscient...

En busca del tiempo perdido’, de Proust: Juventud de un centenario

Marcel Proust publicó, con su dinero, el 14 de noviembre de 1913, 'Por el camino de Swann' Es el primero de los siete volúmenes de una de las obras cumbre de la literatura: 'En busca del tiempo perdido' Sobre Proust se ha escrito ya casi todo, pero sobre la  Recherche  no, porque es un clásico y lo propio de los clásicos es su misteriosa capacidad para cargarse de nuevos contenidos en cada sucesiva generación. Lo que hoy significa esa obra no es lo que significó en 1913. Ahora hace cien años aparecía la primera parte,  Por el camino de Swann,  traducido a veces, con mayor exactitud, como  Por donde vive Swann. El inmenso retablo se presentó al juicio de los lectores anteriores a la primera guerra con un fragmento que hacía imposible adivinar el conjunto. Su escala iba a ser desmesurada, más de tres mil páginas, y habría sido quimérico predecir que aquellas inaugurales teselas se insertarían años más tarde en un mosaico gigantesco donde jugarían un pap...

Albert Camus huye de su homenaje

Las disputas políticas entre el Estado francés y la alcaldía de Aix-en-Provence y las desavenencias entre los herederos intelectuales del escritor, pensador, periodista y dramaturgo Albert Camus (Mondovi, Argelia, 1913- Villeblevin, Francia, 1960) habrían hecho seguramente sonreír al hijo de Catalina Sintes. Todavía incómodo e inclasificable, Camus sigue siendo el intelectual pobre y extranjero que llegó de Argelia en 1940. Pese a que dio gloria a Francia al cantar las verdades del barquero y ganar el premio Nobel a los 44 años, el autor de  La peste no tendrá por su centenario un gran homenaje nacional. La macroexposición largamente anunciada en Aix ha acabado reducida a la mínima expresión. Dada la falta de consenso, y mientras la sociedad francesa rezuma intolerancia, xenofobia y descontento social, el mejor homenaje será el de los lectores, dentro y fuera del país, que cada vez se interesan más por el hombre rebelde:  La peste  ha despachado ya cuatro millones ...