Los franceses, por lo menos hasta anteayer, fantaseaban con poseer "un castillo en España" como expresión de su ilusionismo más atrevido, mientras que los españoles, a los que no es más arduo soñar con castillos en Castilla, nos conformamos con la exageración de heredar "castillos en el aire". Francés de una imaginación tan extrema que le impedía moverse casi de su barrio ante el terror de comprobar que no hay nada más que lo que vemos, Charles Baudelaire, mientras navegaba entre paseos, conversaciones, lecturas y cuadros, tuvo también su pequeña fantasía española en forma de castillo, pero, de vuelta de casi todo antes de emprender la partida, lo concibió de forma aérea. Es normal, permítanme la salida, que Baudelaire, un "beau de l'air" o del "aire"; esto es: un "bello del aire o de la época", viajase a nuestro país con un vuelo imaginario, apenas ayudado por una persona interpuesta, la del pintor Edouard Manet, que ...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción