Carlos Fuentes aparecía con su habitual elegancia por los controles migratorios de los aeropuertos estadounidenses en los que aterrizaba, pero allí lo trataban como persona non grata. “Apenas veían su pasaporte lo llevaban a una oficina y los trámites se alargaban hasta por una hora”, recuerda Silvia Lemus, la viuda del intelectual fallecido el año pasado a los 83 años. El FBI y el Departamento de Estado lo sometieron durante dos décadas a una estrecha vigilancia porque lo consideraban “un destacado escritor comunista”. Los archivos desclasificados esta semana por el FBI , que comprenden los años 60 y 80, revelan que había instrucciones de retrasar los visados del escritor. “Tiene una larga historia de relaciones subversivas”, se lee en la documentación. Lemus sostiene que Fuentes sabía que habido sido vigilado: “Era consciente de esa paranoia. En ocasiones él avisaba a la embajada de México para que anunciase que íbamos a llegar y se facilitara el trámite. Aunque...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción