Es este un libro prodigioso y terrible, una extraña supervivencia que da noticias de una oscura derrota humana y literaria, la orquestada por los responsables políticos bajo el estalinismo -pero también durante el deshielo de Krushev-, que supieron generar el clima de miedo y sospecha necesario para que todo un nutrido colectivo de intelectuales se plegara a escribir durante décadas sólo sobre lo que el Estado consideraba pertinente. Es esta máquina de aupar mediocres y destrozar "pesimistas", a los Bulgakov, Platonov, Mandelstam, Pasternak, Ajmátova, Olesha o Grossman, la que queda aquí denunciada, y a cuatro manos, por dos escritores que fueron testigos de su sádico funcionamiento. Asistencia obligada no era más que una carpeta llena de fragmentos, bosquejos y retales cuando a principios de los años 70 un moribundo Boris Yampolski se la entregó subrepticiamente a su amigo Ilya Konstantinovski al temer por ella si no regresaba vivo de su enésimo internamiento hospit...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción