Shep Knacker no cumplió el sueño de su padre y no fue a la universidad, pero con su talento para los trabajos manuales, para la «chapuza», montó una exitosa empresa de servicios, una superlampistería. Y ha disfrutado con su trabajo, y no le ha ido nada mal en esta vida, pero desde la adolescencia sueña con la Otra Vida, que no es la muerte, sino retirarse todavía joven a un paraíso tercermundista, donde sus dólares valdrán mucho más y le durarán para siempre, y disfrutará de unas lentas vacaciones sin final, como las de su infancia. Shep ya tiene el capital necesario para hacer real su sueño: hace pocos años vendió su empresa por un millón de dólares a uno de sus empleados. Ha seguido trabajando para él, pero lo que iban a ser dos o tres meses de permanencia en la empresa por razones fiscales, se han ido prolongando porque Glynis, su esposa, a quien él suponía comprometida con su proyecto, ha ido demorando la partida, primero con la excusa de los hijos, y luego con dis...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción