“La muerte es, pues, a primera vista, una especie de vida que se prolonga, de una forma u otra, la vida individual” A pesar de ese no-deseo que pulula, ronda sigilosamente a nuestro rededor, es una compañera que anda de las manos con los vivos. La muerte, ese punto hondo, vertiginoso y ciego del no-ser, es un retorno sin regreso a la fuente primigenia de la Nada. Ella dimensiona, hace de los vivos un aura temerosa, des-construye castillos que desaparecen con el alba, esa es la muerte con la que nuestro escritor francés Edgar Morín, en su libro El hombre y la muerte nos la describe. “Las ciencias del hombre no se ocupan nunca de la muerte. Se dan por satisfechas con reconocer al hombre como animal del utensilio, del cerebro y del lenguaje”. Más que una simple frase, es todo un camino que nos lleva a ver a la muerte en sus consideraciones científicas, es lo que propone Morín con su ensayo, porque el hombre ha querido olvidar la muerte, sin el impulso de mirarla de fre...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción