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Mostrando las entradas etiquetadas como Milan Kundera

Las muchas lenguas de Kundera

La primera novela de  Milan Kundera ,  La broma,  es la historia de cómo una ironía leída por quien no debería –escribir en una postal “El optimismo es el opio del pueblo”– arruina la vida de su protagonista en la Checoslovaquia comunista. La última,  La fiesta de la insignificancia  –que su editorial en España, Tusquets, saca a la calle el 2 de septiembre– relata en uno de sus capítulos como Stalin relata una historia que puede ser, o no, un chiste, aunque descubrirlo no es sencillo: si por casualidad no es un chiste y es un delirio de dictador, puede costar la vida al que se ría a destiempo. En medio, transcurre la vida de uno de los escritores europeos más importantes del siglo XX, cuya existencia podría ser definida como una gran lucha contra un mundo que ha perdido el sentido del humor. Los chistes son un ángulo magnífico para contar la historia del comunismo en Europa Oriental y la URSS: “Qué hay más frío que el agua fría en Rumania? El agua caliente”...

Milan Kundera en la época del ombligo

“¡La individualidad es una ilusión!”. Eso exclama uno de los personajes de la esperada novela de  Milan Kundera,  La fiesta de la insignificancia (Tusquets), cuya idea condensa buena parte de la filosofía con que el escritor de origen checo ve la vida según la ha plasmado en sus novelas, cuentos y ensayos. Y con mayor fuerza ahora a sus 85 años, cuando el ombligo ocupa un lugar esencial en su narrativa. Con este y  La fiesta de la insignificancia   Milan Kundera  (Brno, 1929) regresa después de 14 años. Empezó en la primavera italiana y francesa, y ahora, a partir del martes, en España. Vuelve como si nada, como si la conversación dejada con los lectores en  La ignorancia,  con la cual recibió el siglo en 2000, hubiera sido ayer. Los temas de sus libros son los mismos pero revestidos por el paso del tiempo, auqnue sin perder la esencia de lo que son y significan para él aspectos como la sexualidad, el erotismo, la maternidad, el deseo, la cultur...

Milan Kundera abandona la guarida

Con ironía, menor pesadumbre de la esperada por algunos y apartado pero atento, ha regresado  Milan Kundera (Brno, República Checa, 1929) al panorama de las letras europeas. Francia esperaba la aparición en las librerías de  La fête de l’insignificance (Gallimard), que será publicada en septiembre en España por Tusquets (antes llegó a Italia con 100.000 ejemplares vendidos y un eco discreto). Y lejos de resolverse,  el enigma del escritor esquivo y huraño, escondido y voluntariamente escindido de su lengua materna —escribe en francés desde  La lentitud,  aparecida en 1994— queda un poco más abierto ahora. “Ligero como una pluma de perdiz o de ángel”, compara  Le Monde,  Kundera vuela alto en la novela que aparece ahora 14 años después de  La ignorancia.  ¿Dónde se ha metido? ¿Qué ha hecho? Apartarse, ocultarse, leer en francés, alemán y checo, las lenguas que domina. Ahondar quizás en los vericuetos kafkianos que tanto le apasionan y rec...

La insoportable levedad del ser

“Aquello no era un suspiro, no era un gemido, era realmente un grito. Gritaba tanto que Tomás separó la cabeza de su cara. Creía que la voz que sonaba justo al lado de su oído le iba a romper el tímpano. Aquel grito no era una expresión de sensualidad. La sensualidad es la máxima movilización de los sentidos: una persona observa atentamente a la otra y escucha cada uno de los sonidos que produce. En cambio su grito pretendía aturdir a los sentidos para que no vieran ni oyeran. Quien gritaba era el propio idealismo ingenuo de su amor, que quería ser la superación de todas las contradicciones, la superación de la dualidad entre el cuerpo y el alma y quién sabe si la superación del tiempo. ¿Tenía los ojos cerrados? No, pero no miraba con ellos hacia parte alguna, los tenía fijos en el vacío del techo. Por momentos giraba bruscamente la cabeza hacia uno y otro lado. Cuando se acabó el gritó, se durmió a su lado y le tuvo la mano cogida durante toda la noche. Desde ...

La inmortalidad o la esencia de un gesto

Un gesto despertó la mirada de quien narra la protagonista de toda la novela (Agnes). Esta novela que caracteriza a las claras el estilo del escrito, también es cierto, que es una novela que deja a un lado la estructura lineal y el encadenamiento de vidas, las cuales se transforma en anécdotas o situaciones, busca la armonía o síntesis entre lo real y la ficción. Teniendo como propuesta hace trascender el ser del hombre, aun más allá la muerte, teniendo como aliado la belleza, los recuerdos, la casualidad entre otros hilos. Nos introduce con la observación de una señora entrada en los sesenta, setenta y cinco años, la cual recibe clase de natación, mientras metida en la piscina sus ojos se perdía en las miradas del joven instructor, que en el momento de despedida reflejaba una sonrisa de una joven de 20 años “aquella sonrisa y aquel gesto tenían encanto y elegancia, mientras que el rostro y el cuerpo ya no tenían encanto alguno” Puede que solo en circunstancia excepcionales seamos...

El rostro después de la muerte

Lo que nos pueda ocurrir después de la muerte, es una de las grandes disyuntiva sin escape que tienen todos los individuos. Los religiosos teniendo como norma y fe los escritos de los cuales dan todo crédito que hay vida después de este leve paso por la comunicación de los individuos en la tierra, es su normativa representativa de esperanza de un mejor estado, los tienen muy presente en sus doctrinas y buscan solución. Mientras, en algún momento, otros grupos de los cuales tampoco escapa esta gran pregunta, los filósofos y científicos buscan darle una explicación a ese otro mundo desconocido. Los religiosos ven después de la muerte la apertura a un nuevo reino, donde impere la justicia, donde la teocracia sea el sello distintivo del reino que siempre anhelan. Los filósofos y científicos , podrimos decir, en su gran mayoría, creen como evidencia que después de la muerte no hay nada, esa gran locomotora biológica, el hombre, deja de tirar sus últimos humos de existencia. Mi propósito ...

Dios nos mira encuero.. oopssss!!!!!!!!

“Agnes recordó que una vez, cuando era niña, se había quedado deslumbrada por la idea de que Dios la veía y la veía ininterrumpida. Fue entonces cuando sintió por primera vez, la extraña santificación que el hombre siente cuando es visto, visto contra su voluntad, visto en los momentos de intimidad, cuando es violado por una mirada. La madre, que era creyente, le decía Dios te ve>> y pretendía así enseñarle a no mentir, a no comerse las uñas y a no cometerse los dedos por la nariz, pero ocurrió algo diferente: precisamente cuando se dedicaba a hacer algo malo o vergonzoso, Agnes se imaginaba a Dios y le enseñaba lo que estaba haciendo. Pero pensó en la hermana de la reina de Inglaterra y llego a la conclusión de que hoy el ojo de Dios han sido reemplazado por la cámara”. La inmortalidad Milan Kundera