Hace unos años, James Franco advirtió que, pese a tenerlo todo en la vida, sentía un vacío interior. “Había actuado en los mayores superéxitos y me habían nominado al Oscar, pero necesitaba algo más. Quería expresarme de otra manera cosa”, explicó ayer al presentar su nueva película como director, una adaptación de El ruido y la furia de William Faulkner, que presentó fuera de competición en la Mostra de Venecia. “Por ejemplo, mi sueño era interpretar a un poeta, pero un día entendí que nadie me propondría esos papeles. Comprendí que tendría que hacerlo yo mismo”, añadió. La novela escogida por el actor, hijo de una profesora de literatura y autora de libros infantiles, no era la más sencilla que podía adaptar. Sin ir más lejos, El ruido y la furia es célebre por su dificultad entre los estudiantes estadounidenses, que se rompen la cabeza para entender su primer capítulo, narrado en estilo indirecto libre por Benjy, el hijo discapacitado de los Compson, famili...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción