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Mostrando las entradas etiquetadas como Gustave Flaubert

Gustave Flaubert, el patrón

Sabemos que es casi imposible que un escritor que no tenga algo de sacerdote y de asceta sea un escritor de verdad Francia conmemora este año el bicentenario del nacimiento de Gustave Flaubert, a quien algunos escritores (no sólo novelistas, ni sólo franceses) consideran su patrón. No creo que otros lugares de Europa celebren el acontecimiento, porque los europeos poseemos una moneda única, pero no un único sistema cultural, y en países como España, donde el patriotismo no se puede expresar políticamente, a menudo se expresa culturalmente. Sea como sea, pregúntenme a mí si Flaubert es mi patrón y yo, que soy bastante bueno formulando preguntas, pero muy malo dando respuestas, les daré no una, sino dos: ambas son afirmativas, aunque una es larga y la otra corta. La larga es mi primera novela, que se titula El móvil y constituye una furiosa declaración de amor a Flaubert protagonizada por un novelista a quien el furioso amor por Flaubert conduce al delirio y el crimen. La respuesta brev...

Gustave Flaubert: la novela hecha arte

La educación sentimental fue la última novela que Flaubert publicó en vida. Cuenta la historia del joven Frédéric Moreau, quien vivió la revolución de 1848 y el Segundo Imperio francés. -   Foto: getty images En 2021, Francia celebra el bicentenario de uno de los novelistas más leídos del mundo. Con su obra Madame Bovary, enamoró a millones y sentó las bases de una nueva era de la literatura. A Gustave Flaubert le bastan un par de frases para sumergir al lector en el universo de   Madame Bovary   o de   Salammbô. Sus descripciones son visuales, es como si narrara la historia en escenas o en cuadros del holandés Johannes Vermeer, que le muestran al lector hasta el más mínimo detalle para permitirle contemplar la historia.   Las celebraciones del bicentenario del escritor arrancan con una exposición que busca replicar el mismo hechizo ejercido por el francés en sus escritos. ‘Salammbô, furor, pasión, elefantes’ transporta al lector a la extravagante Cartago que de...

Noviembre

Título original: Novembre Autor:  Gustave Flaubert Traducción: Olalla García Editorial: Impedimenta Año de publicación:1842 Año de edición : 2007 Número de página: 144 Genero: Novela, Ficción    Con este novela, el escritor francés, Gustave Flaubert deja por terminada la etapa literaria de juventud. Una etapa la cual, hacía camino para su ingreso en el Collège de Rouen y formalizarse en las letras, la su padre juzgaba como un oficio de perezosos e inútiles, siendo su padre un destacado cirujano. Algo curioso en este texto fue que nunca el autor dio la autorización para ser publicada, pero no fue hasta 1910 cuando salió al publico.    Ahora de que va esta corta novela de unas 144 paginas, podríamos decir que gira entorno a Eros expresado como una fuerza mágica y adormecedora. El autor con tan solo veintiún años nos narra una perspectiva mitad soñadora, romántica, mitad realista del despertad del deseo del amor de una persona joven. El amor por una mujer inac...

Un mundo de veranos literarios

El verano es la manzana del paraíso literario. No sólo por la tentación que despierta en los autores escribir sobre ese periodo y su eterno efecto vivificador en los lectores, sino porque suele guardar la clave que define el destino del libro, el curso de la historia narrada.  Sí, ahí está en muchas obras clásicas cuando... …Bajo una luna veraniega, después de lunas incontables, el capitán Ahab avistó a Moby Dick… entre sus vientos cálidos se oscureció el destino de la Tierra Media, en  El señor de los anillos…  al amparo de sus sombras, Sherezada empezó su salvación en  Las mil y una noches…  por él y durante él, Alonso Quijano emprendió su aventura de desfacer entuertos… en uno de sus atardeceres Humbert Humbert engendró su deseo malsano por las nínfulas en  Lolita...  y su embrujo trastocó la vida de todos en  Sueño de una noche de verano... Pero, ¿a quién no le gustaría vivir su verano literario favorito? Juan Marsé querría ser invitado...

Dar caña

De vez en cuando, un conocido me recomienda algún blog o que escuche a un tertuliano mediático. “¿No lees lo de Fulano? ¿No sigues a Mengano?”. Cuando le insinúo que mi opinión sobre el referido es de ignorancia en el más piadoso de los casos y deplorable en los demás, se encogen de hombros lamentando lo mucho que me pierdo: “Pues da una caña…”. Ya sabemos lo que es “dar caña” (en otras épocas “dar leña” o “dar cera”): proferir enormidades truculentas e insultantes que acogoten sin miramientos al personaje público detestado, sea del gobierno o de la oposición. Lo de menos es que tal demolición esté bien fundada, solo cuenta que utilice munición del más grueso calibre y que no condescienda a ningún miramiento con su víctima. Si además el cañero ha sido bendecido por los dioses con un humor chocarrero y grasiento de la peor baba, mejor que mejor. El que da mucha caña funciona como un resorte a favor de los suyos y contra quienes le disgustan: basta que aparezca en lontananza la siluet...

‘La señora Bovary’

No es un error. Madame Bovary, en la edición que publicará Alba, será La señora Bovary . “Es la traducción correcta”, zanja su traductora, María Teresa Gallego Urrutia. “Al principio no me atrevía a cambiar los títulos, pero está superado. Se trata de buscar el rigor”, dice Luis Magrinyà, director de la colección de clásicos de la editorial. Aunque en su departamento de marketing le arruguen la nariz y los lectores se despisten y/o resistan a utilizar el título modificado. “Yo traduje Juicio y sentimiento de Jane Austen y todos los años hay señoras en la Feria del Libro que dicen ‘ay, este no lo tengo’, a lo que les respondo: ¿tienen Sentido y sensibilidad? Pues es el mismo, pero bien traducido”. Enrique de Hériz ya está retirado de la labor editorial, pero recuerda haberse encontrado en una situación similar con La dama de blanco, de Wilkie Collins. “En realidad es La chica de blanco. Lo debatí con el traductor, le dimos muchas vueltas, y al final decidí mantenerlo po...

Apunte de Alemania

Hay lugares perfectos. Hay viajes perfectos. El viaje en tren una mañana de domingo entre Hannover y Múnich, por ejemplo. Está nublado y guirnaldas ligeras de niebla flotan sobre los prados o sobre las laderas con grandes bosques de coníferas. El único defecto que yo le veo a la mayor parte de los viajes en tren en estos tiempos es que duran muy poco. El tren de Hannover a Múnich es muy bueno, buenísimo, confortable y rápido, silencioso, más aún en esta mañana en la que por ser día de fiesta hay menos viajeros. No es un tren de alta velocidad, sin embargo, ni falta que hace. Es un tren perfecto. La luz del día nublado hace más acogedor el interior de los vagones. Casi todos los viajeros van leyendo cuantiosos periódicos dominicales. Uno de los muchos inconvenientes de no saber alemán es no poder disfrutar golosamente de esas páginas tan anchas en las que todavía parece que importa tanto la palabra escrita. El rumor de las hojas de los periódicos da al silencio del interi...

Gustave Flaubert pasea por La Concha

59ª edición del Festival de San Sebastián A Terence Davies le encanta el cine que vio de crío, y los grandes melodramas, y las canciones de taberna de la posguerra. Por mucho que su The deep blue tenga todo eso y versione una obra de Terence Rattigan, esa esposa insatisfecha, ese amante chulo y hueco y ese marido atontolinado de su película son el trío de Madame Bovary. A Sarah Polley la referencia también le encaja. En su Take this waltz hay una mujer frustrada, un esposo zangolitino y ensimismado, y un amante guapo, aunque aquí con cierta hondura sentimental e intelectual. Sin embargo, solo Arturo Ripstein, de los tres, reconoce abiertamente que Las razones del corazón adapta a su manera Madame Bovary. El concurso de la sección oficial tiene aroma a Flaubert. "Discutí muchísimo con Paz Alicia. [Garciadiego, su guionista y esposa] por esa Emma Bovary. Mira, debes traicionar siempre al autor. Igual sufre Emma en la Francia del siglo XIX que Emilia Gallardo en el Méx...

La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary

No todo lo que viene de Mario Vargas Llosa es de mi agrado, como es natural en todo lector, hay novelas que de alguna forma la atracción no tiene juicio previo, pues la técnica que utiliza ya de por sí es un conducto placentero, y es ahí donde puedo ver su gran esfuerzo en elaborar un buen texto. Ahora, siempre he creído, que Llosa es mejor ensayista que novelista, y en eso no hay reverso. Y es natural, que algunos escritores se sientan mas atraídos a criticar o a hacer del ejercicio de la critica su modus vivendi, aunque Llosa se de mas a conocer por sus novelas, pero me gusta verlo mas en el circulo de los ensayos, y es aquí donde trae esta propuesta, sumamente interesante, como es el caso de su libro: La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary. Este grandioso ensayo, donde analiza la obra de Gustave Flaubert, nos deja al tanto, de que tan marcado fue para Llosas este fundador de la novela moderna «Hacía años que ninguna novela vampirizaba tan rápidamente mi atenció...