Es difícil saber si Franz Kafka fue el mejor escritor del siglo XX -¿cómo se mide algo así?-, lo seguro es que no se merecía el premio Nobel. Entiéndanme, tal vez lo merecía pero no se lo merecía. El problema no es que parte de su obra sea póstuma y la publicada en vida fuera casi secreta –digamos que más que el año pasado la de Mo Yan -, el problema es el carácter de esa obra y, sobre todo, de su autor. Darle el Nobel a alguien que escribió la Carta al pa dre hubiera sido enviar a la corte de Suecia a un hombre incómodo dentro de su pellejo al que cuesta imaginar más cómodo dentro de un frac. Hay autores que es mejor dejar a solas a sus lectores, a oscuras casi. Claudio Magris suele hablar de la pequeña decepción que supuso para él la publicación de las memorias de su amigo Elias Canetti después de haber escrito, muchos años antes, esa novela incandescente llamada Auto de fe . Es como si pasados los años Kafka hubiera...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción