«Se trata, en efecto, del hombre más grande aparecido en el mundo desde César.» Por lo general, ese ser atrincherado al triangulo de una esquina, busca en la imaginación un refugio en lo sensible, pero siempre con la esperanza de que lo sensible pueda disipar algún aliento de proposiciones que socaven las mas estériles ideas del imaginario milagroso del ser que satisfaga la devorada hambre de ilusiones de un héroe que siempre la historia, y mas que la historia, en palabras de Stendhal: Napoleón viene a ser su Dios, su héroe. Napoleón fue una suerte de Mesías. Con este escrito dividido entre dos deseos inconclusos, no por no haberle dado el final a un andamiaje de cotidianas percepciones de la realidad que vivió Stendhal, sino más bien por ese ilusorio deseo de apuntalar de manera demostrativa que ese héroe era mas de lo que una de esas meticulosas mentes del momento detractaba o ensalzaban a Napoleón. Ambos proyectos salen a la luz tiempo después de su muerte, se po...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción