Luego dicen que Enrique Vila-Matas escribe cosas raras. Pero es que la vida le provoca. Por ejemplo, hace dos años le propusieron que participara como artista en la vanguardista Documenta de Kassel con el siguiente formato: escribir en un restaurante chino de las afueras de la ciudad ante la mirada de los posibles comensales y visitantes (o no). Bueno, era una nueva posibilidad de mezclar perplejidad y vida suspendida. El resultado, en forma de libro, es Kassel no invita a la lógica (Seix Barral), un “reportaje novelado o un ensayo novelado o una novela, pero no una autoficción, porque eso está desfasado y ya no lo hago”, asegura. El autor de Exploradores del abismo tenía motivos para el terror, y más cuando vio ya en el restaurante de marras la especie de mesa-camilla, el horrendo florero y el cartón amarillo gastado que rezaba: “ Writer in residence ” que conformaría su hábitat artístico. Y luego estaba el pavor íntimo a ser espiado mientras confecci...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción