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Mostrando las entradas etiquetadas como Emilio Salgari

Mis memorias

Casi desde sus comienzos como cronista y novelista, Salgari obtuvo un notable éxito de público. En sus últimos años, era el escritor con mejores ventas de Europa: algunas de sus ochenta y cuatro novelas superaron la cota hasta entonces desconocida de los cien mil ejemplares y tuvo multitud de imitadores, como Luigi Motta o sus propios hijos. Sin embargo, Salgari vivía acosado por la penuria, trabajando como un forzado de la pluma para editores que le estafaban con impávida constancia [...] Un día se hartó, cogió uno de los yataganes modelo Sandokán que coleccionaba y se hizo el hara-kiri, no sin dejar una nota para sus verdugos: «A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que en compensación de las ganancias que os he proporcionado os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma». Tenía cuarenta y nueve años. Fernando Savater PRIMERAS PÁGINAS I...

Desventura y grandeza de Salgari

Salgari se suicida en abril de 1911, abrumado por la escasez, consumido por la desgracia, tras una larga penuria económica, fruto de la práctica editorial de aquella hora. Aquí en España es Pío Baroja, con la editorial Caro-Raggio, quien empieza a sortear el agiotismo mercantil que había dado pie, no sólo al severo ascetismo de la bohemia, sino a la figura del negro literario, de absoluta necesidad para cumplir con las abusivas exigencias de la novela por entregas. Salgari, en su breve y desgraciado paso por el mundo, publicó casi un centenar de novelas, urgido por la ausencia de pecunio y el formidable éxito de su obra. Aún así, el malogrado creador de Los tigres de Mompracem , morirá en las cercanías de Turín, tan célebre como insolvente. Así lo dice en su carta a los editores, cuya lectura, tantos años después, suscita un escalofrío compasivo: "A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aú...