No creo que existan ni las ficciones a medias ni las no ficciones a medias. Estoy seguro de que, aunque aún no le hayamos puesto nombre, existe un género que se gesta entre la ficción y la no ficción. Lo que estoy a punto de escribir podría pasar por cuento o por relato, pero no lo es. No se trata de una ficción ni de una ficción a medias, aunque tampoco es un artículo de opinión ni una crónica —en el sentido clásico o en sus acepciones más actuales—. No es esta, pues, una recopilación de hechos históricos o de ciertos acontecimientos en la vida de un hombre —narrados con afán cronológico, por ejemplo—, como tampoco es una relación de sucesos anotados por un testigo contenido o imparcial. Por no ser, esto no es ni siquiera un escrito compuesto a partir de materiales objetivos, de una o varias voces autorizadas o de sucesos o hechos comprobados o comprobables; menos aún es un texto soportado en textos previos o fundamentado a partir de aquello que se suele conocer como opiniones experta...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción