Una opinión sobre el capítulo más reciente de la historia de Carolina Maria de Jesus, uno de los mayores iconos de la literatura brasileña, y Audálio Dantas, el periodista que ella encontró para ayudarla a publicar en uno de los países más racistas del mundoa. Permítanme empezar diciendo desde dónde hablo. Conocí a Audálio Dantas (1929-2018) en vida, ya tarde. Yo tenía unos 40 años y para mí era una leyenda del periodismo. Claro que una leyenda es algo grande, pero nunca les tuve mucho apego a las leyendas o a los héroes. El reportaje me ha enseñado que las personas son “solo” personas y que es mejor para todos —y también para ellas— que sigan siéndolo. Audálio no caminaba solo. Cuando lo conocí, también conocí a la pequeña familia que caminaba con él, o con la que él caminaba. Vanira, su esposa; Juliana, la hija mayor; Mariana, la hija menor; ambas fruto de su matrimonio. Sé que también están José y Ana, sus hijos mayores, pero solo los vi de pasada. Y la abuela. La abuela era la madr...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción