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Mostrando las entradas etiquetadas como Vicente Verdu

El foco de Dios

Claro está que la idea de belleza cambia con cada época. Perecería que existiendo un Dios eterno la belleza acompañaría ese zanco de eternidad, pero no es, sin embargo, de este modo. Dios obra como una poderosa luz que desataca lo bello y lo feo, lo malo y lo bueno, aunque o todo depende, desde luego, de aquello que los autores sitúen en el plató. La batalla para lograr lo hermoso y su contrario se halla en manos de los autores. Con una importante condición y es que a Dios no se le pueden exponer baratijas, diseños que no poseen imaginación. La relación de Dios con los aristas es muy estrecha y muy laxa, a la vez. Es estrecha en el recinto de la mente pero es laxa en el sentido de que a Dios lo mismo le da, una obra maestra que una copia, algo excelso u otra que no levanta un palmo de la mediocridad. Dios es sólo el foco. Un foco tan potente como la de un juez absoluto más allá del cual no hay recursos de casación. ¿Y que qué le queda al artista ante este anonadamiento judicial...

Nada de nada, ¿la nada?

A muchos escritores jóvenes o poco conocidos no se les publica o, en otros casos, se es paga una miseria: más o menos, podría decirse, como en los tiempos anteriores al boom de la construcción y a las otras burbujas que barboteaban hace unos años casi por todas partes. La situación sería ahora similar a la que correspondía a los tiempos heroicos de la literatura —o de la pintura— en que resultaba tan arduo comunicar lo escrito o pintado para el público en general. En esos tiempos, Vicente Aleixandre repetía una frase que yo no he dejado de repetir cuando ha llegado la ocasión: “El poeta que por fin decide escribir para sí mismo muere por falta de destino”. Nadie deseaba morir de un modo tan miserable pero conociendo la miseria de la cultura ¿qué se le iba a hacer en aquellos años no mediáticos? Pues luchar y luchar de modo que el autor no solo debía abrirse camino en las procelosas aguas de la creación sino ante los escasos medios del mercado. Ahora han apareci...

Comunicación de la incomunicación

Al Tratado de la lejanía de Antonio Prete (Prete-xtos, mira por dónde) y al comentario de Francisco Calvo en un Babelia de agosto debo esta reflexión sobre el arte y el amor. El amor al arte y el arte de amar. Francisco Calvo recordaba en su Extravíos que a la pintura de paisajes se la llamaba al principio "pintura de lejos". Y Preto aproximaba "lontananza" y "remembraza" como dos términos que aluden a hacer presente lo alejado. Esos textos nacieron hace meses, pero ¿qué mayor pretexto para hablar de los extravíos que referirse a lo que nació y fatalmente regresa? En el arte, la distancia es capital. Todo pintor concibe y culmina su cuadro observándolo a la debida distancia. Efectivamente se puede pintar pegado al lienzo o en plena estrechez como Van Gogh, pero lo cabal -listo para la crítica- es aquello que, configurado a unos pasos del autor, adquiere entidad y presencia propias. Toda obra de arte necesita este aislamiento higiénico tanto pa...