Un gran ensayo de David Hernández de la Fuente resalta la naturaleza extraordinaria del filósofo y matemático. En sus Vidas imaginarias , Schwob retrataba a un Empédocles oracular, hijo de un Dios, cuya ciencia arcana se diluía con él tras arrojarse en el ardiente brocal del Etna. De igual modo, la tradición aquí recogida, de Porfirio a Focio de Constantinopla, nos lega la imagen de un Pitágoras muy próximo a la magia, a la taumaturgia, a los saberes de naturaleza religiosa, cuyos secretos quizá trajera de sus viajes por Oriente, aprendidos en el trato con sacerdotes de Egipto, la India y el imperio persa. Si bien es norma considerar a Pitágoras como el filósofo que formuló un célebre teorema, así como la armonía de las esferas y la inmortalidad del alma, la figura histórica que se dibuja en este ensayo, sorteando la escasez de datos y las mixtificaciones de época posterior, nos presenta a un Pitágoras que participa, a un tiempo, de la razón ática y el culto religioso de aq...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción