Las novelas que se escriben en el Reino Unido pintan un territorio aislado, simplista y con aires distópicos, que encaja demasiado bien con la realidad inhóspita de la era pos-Brexit. Las largas colas ante las gasolineras y los estantes vacíos en las tiendas no son imágenes muy diferentes de los escenarios apocalípticos que están pintando los autores británicos en sus últimos libros. Se extiende una mirada literaria que, por esta vez, encaja a la perfección con la realidad de un país que ha echado el cerrojo al exterior, que se repliega en sí mismo y que enarbola un orgullo patrio que, en pleno desafío a su propia historia, lo aparta del mundo. Igual que George Orwell retrató en 1984 cómo media Europa se oscurecía bajo el manto del totalitarismo, nuevos libros están sentando las bases de esta era de aislamiento, de simplismo y de miedo al extranjero, sea en formato distópico o con aires de realismo. “Inglaterra es infinitamente más pobre y ocupa un lugar económica y cultural...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción