Al Tratado de la lejanía de Antonio Prete (Prete-xtos, mira por dónde) y al comentario de Francisco Calvo en un Babelia de agosto debo esta reflexión sobre el arte y el amor. El amor al arte y el arte de amar. Francisco Calvo recordaba en su Extravíos que a la pintura de paisajes se la llamaba al principio "pintura de lejos". Y Preto aproximaba "lontananza" y "remembraza" como dos términos que aluden a hacer presente lo alejado. Esos textos nacieron hace meses, pero ¿qué mayor pretexto para hablar de los extravíos que referirse a lo que nació y fatalmente regresa? En el arte, la distancia es capital. Todo pintor concibe y culmina su cuadro observándolo a la debida distancia. Efectivamente se puede pintar pegado al lienzo o en plena estrechez como Van Gogh, pero lo cabal -listo para la crítica- es aquello que, configurado a unos pasos del autor, adquiere entidad y presencia propias. Toda obra de arte necesita este aislamiento higiénico tanto pa...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción