“El lector se transformó en el libro y la noche de veneno era como el ser consciente de ese libro” Wallace Stevens La lectura en sus múltiples definiciones recrea una complicidad entre lo imaginario y la pluralidad primigenia de asociación individual del libro con aquel que la redescubre. Leer bien, si dejamos escurrir esta afirmación, es uno de los mayores placeres que nos deja saborear la soledad. La lectura te expulsa a la otredad, buscándote a ti mismo en cada deslizamiento de una página, en la imagen misma de un amigo, en la experiencia de una sociedad que te rodea. Cada lectura nos habitúa al cambio que se aproxima en nuestros ojos, si es que nos disponemos a ser esponja de cada instantes imaginario, para en suma, ser cómplice con el autor. “Leemos no solo porque nos es imposible conocer bastante gente, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la compresión imperfecta y todas las aflicciones de la vid...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción