Antonio Colinas vive en un sexto piso con vistas a una iglesia ajena durante siglos al bullicio de la actualidad, pero las consignas de una manifestación —“igualdad, trabajo”— se filtran esta mañana por la ventana del poeta. No es raro, pues, que el presente se haya colado también en el libro que acaba de publicar, Canciones para una música silente (Siruela), un apretado conjunto de versos que recoge todas las estaciones recorridas por su autor desde que hace tres años reuniera en un volumen de mil páginas su poesía completa. Un viaje a China, un instante arrebatado en Cartagena de Indias o una seca meditación en el páramo leonés conviven esta vez con una sección de “poemas civiles” que, por contraste con su obra anterior, él define como “chocante y osada”. “Este libro”, explica, “se debate entre la fidelidad a una voz y la atención a los problemas de nuestro tiempo. ¿Por qué? Porque vivimos una metamorfosis en la que no sabemos adónde vamos y necesitamos aclarar muchos...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción