El verano de 1789 fue terrible para Nietzsche, también lo fue el invierno que empezaría después, uno de los peores de su vida. Las cosas no mejoraron mucho un año después durante su estancia en Génova, donde tuvo que soportar fríos terribles en una casa sin calefacción. Desde esa ciudad le escribió en octubre a Franz Overbeck, poco después de cumplir 36 años, y le comentaba que, en algún lugar, "deben de existir condiciones de vida más favorables para mi constitución. P. ej. en la meseta de México, en la costa del océano Pacífico". Unos meses después, en marzo de 1882, y todavía desde la ciudad italiana, le escribió a Heinrich Köselitz (al que bautizó como Peter Gast): "Me gustaría dirigir una colonia en las mesetas de México, o bien hacer un viaje con Rée al oasis de Biskra". El autor de Así habló Zaratustra estaba cada día peor de salud. Es curioso que barajara instalarse en México para aliviar sus males, o en un rincón del Sáhara. "Era mucho mej...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción