Literatura y alcohol han formado una pareja, en ocasiones imperfecta, a lo largo de la historia. Charles Baudelaire decía encontrar la inspiración en el "hada verde" (absenta), Truman Capote no escondió su adicción al alcohol y definió su profesión como "un largo paseo entre copas" y Ernest Hemingway degustó y escribió sobre las bebidas espirituosas sin descanso. Bajo la convicción de que el alcohol potencia la creatividad porque desinhibe la mente, han sido muchos los escritores que han recurrido a la bebida en busca de la inspiración que le negaban otras musas. A algunos de ellos se les fue de la mano hasta enfermar de alcoholismo; otros, simples bebedores sociales, han convertido a bares en protagonistas de sus obras. Hay autores que han conseguido poner de moda sus cócteles favoritos y otros cuyas creaciones recuerdan sus vivencias en el interior de los bares. Además, míticos cafés han acogido tertulias literarias y artísticas, en las qu...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción