Tres inviernos seguidos son ya de por sí desagradables. Si luego desaparecen las estrellas y se caen las montañas, el panorama se vuelve, cuando menos, preocupante. Y si esa tierra agonizante acoge y sufre la batalla final entre los dioses entonces el epílogo inevitable es la desaparición del planeta. Así sería el Ragnarok, el fin del mundo, según la mitología nórdica. Y todo pese a que los seres divinos sabrían perfectamente de antes detalles, destino y conclusiones de la guerra. Pero nada, aun así combatirían a muerte, excavándose – y excavándonos- la tumba. Seguramente el calentamiento global y sus peligros no sean comparables con este trágico escenario. Pero en su último libro Jostein Gaarder (Oslo, 1952) sí cuela al Ragnarok, entre otras decenas de alarmas sobre el destino del planeta. “No creo en algo tan repentino, pero podemos llegar a un punto de no retorno”, advierte por teléfono el autor noruego, cuya nueva fábula didascálica y en defensa del medioambiente se t...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción