En 1664 se abatió sobre Londres una epidemia de peste bubónica, la peste negra que desde hacía casi 300 años venía sembrando muertes y penuria por el mundo. Londres era entonces la ciudad más grande de Europa, un conglomerado anárquico de construcciones de madera donde habitaban hacinados casi 400.000 individuos, la mayoría de ellos en muy precarias condiciones higiénicas, circunstancia que favorecía la proliferación de ratas. Justamente estás tenían un tipo de pulga que era el vehículo de la Pasteurella pestis . Desde diciembre de 1664 la peste se adueñó de la ciudad y del terror de sus habitantes. El Rey abandonó Windsor, los nobles se fueron a sus castillos y los jueces dejaron los tribunales. Todos los que pudieron, abandonaron Londres, que pasó a ser una ciudad casi desierta. Los alguaciles recorrían sus callejuelas detectando las casas donde se registraban muertos por la peste. Estas eran clausuradas y marcadas con una cruz roja, siguiendo la tradición bíblica cuando las pla...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción