Impedimenta publica 'Las novelas tontas de ciertas damas novelistas', el manifiesto en el que George Eliot cargaba contra las ficciones azucaradas de la época, las historias románticas con las que se entretenían sus contemporáneas. Como Gabriela Bustelo apunta en su prólogo, lo primero que llama la atención acerca de Mary Anne Evans es su adopción de un seudónimo masculino. Un gesto pensado para que lectores y críticos se acercaran a sus textos sin los prejuicios con los que podían juzgar los textos de sus coetáneas. Pero es también un gesto que implica un enorme autoconcepto, o incluso algo de soberbia: no oséis juzgar mis textos con el mismo baremo con el que medís los de las demás. Sobre todo, si las demás eran "ciertas damas novelistas de novelas tontas". Un tipo de mujer que escribe -indica George Eliot- "en un elegante saloncito, con tinta de color violeta y con una pluma engarzada de rubíes", a la que la "contabilidad editorial l...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción