En 1994, la Bienal de Arte de Santiago de Chile incluyó una muestra de obras de Juan Guillermo Dávila que contenía una postal de Simón Bolívar con tetas al aire y el dedo medio de la mano izquierda en alto. La obra motivó encendidas protestas de las embajadas de Venezuela, Colombia y Ecuador ante el Gobierno de Chile, puesto que su trabajo contó con subsidios estatales. La incendiaria postal de Dávila se inscribía en otro contexto -el diálogo del arte con la historia, para decirlo en pocas palabras-, pero es probable que el libro de Rosero desencadene similares reacciones de indignación, aunque, como dice uno de los personajes, "en un libro sería distinto; nadie los lee". Es que la segunda parte de La carroza de Bolívar es una impugnación en forma a la imagen asentada del Libertador de Venezuela, Colombia y Ecuador, que lo deja como un cobarde oportunista que además cobraba tributo en la virginidad de las más bellas adolescentes que la violencia de la guerra de...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción