Salman Rushdie es otro. Ya no es el de hace 25, 15 o 10 años que estaba secuestrado por el miedo ante la amenaza de que lo mataran los islamistas radicales tras publicar, en 1988, Los versos satánicos . Ahora es más feliz. Eso dice. Dicharachero, incluso. Se vio en La Noche de los Libros de Madrid, firmando ejempalres de sus libros, primero, en la Plaza de Callao; y luego ante unas 300 personas que lo escucharon en la Casa de Correos, en la Puerta del Sol, el edificio del reloj, el de las campanadas. Casi hora y media en las que con su conversación derrotó al Real Madrid y al Bayern de Munich, que jugaban casi a la misma hora en el estadio de fútbol Santiago Bernabeu de la capital española. Tras caminar por el centro, charlas con los lectores y firmar libros, el escritor británico de origen indio (Bombay, 1947) se sentó a hablar de Tiempo, soledad, autoengaño, alegría, amistad, islamofobia, cobardía, religión y, claro, literatura, inspiración y el Yo. Lo hiz...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción