Son escenas que solo podrían darse ante la muerte de alguien tan conocido, respetado y querido como Carlos Fuentes. En una ciudad que vive de prisa, donde la cortesía en el tránsito desapareció hace mucho, el escritor logró que por una vez el tiempo no importara: los automovilistas que reconocían en el Paseo de la Reforma la carroza que contenía los restos de Carlos Fuentes se detenían para aplaudir al escritor cumbre de las letras mexicanas. Se trató de un improvisado y cálido prólogo del solemne homenaje nacional que se le ha rendido a Fuentes este mediodía en el Palacio de Bellas Artes. Cubierto de una bandera mexicana, el féretro de madera caoba que contenía los restos del escritor recibió el tributo de una comunidad intelectual todavía contrariada por la noticia del deceso del autor de La muerte de Artemio Cruz , ocurrida el martes. Silvia Lemus, compañera de Fuentes, presidió el homenaje donde se volcó el cariño de la comunidad intelectual mexicana, congregad...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción