Hace un año se celebró un congreso en la ciudad bávara de Elmau para ver cómo se había organizado la vita intelectual en Alemania a partir de los años sesenta. Jürgen Habermas tuvo el valor de reconocer que quien rescató a la universidad alemana del provincianismo postbélico fueron los pensadores judíos. Pocos volvieron del exilio, unos porque no quisieron y otros, los más, porque nadie les ofreció trabajo. Pese a la animadversión del mundo académico germano contra ellos, la opinión pública a y los estudiantes les hicieron suyos, convirtiendo a los Jonas, Arendt, Scholem, Strauss, Benjamin, Bloch, Kelsen, Elias Anders y tantos otros, en sus "maîtres à penser". El paso del tiempo no parece que haya apagado su voz. Al contrario, cada son más nuestros contemporáneos. El filósofo francés Pierre Bouretz ha convocada a una decena de ellos para desentrañar el misterio de su actualidad. Son filósofos judíos, todos alemanes menos uno, Levinas...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción