La gran mayoría de las mejores novelas de la Historia son autobiografías. No se trata de que sean rigurosas autobiografías sino laxas recreaciones de la memoria que es lo propio y gozoso de la literatura, siendo ésta lo opuesto a la documentación. Según este principio centrado en que lo mejor es lo que el autor cuenta de su vida real, la "invención" aparece como un artificio de menor valor, un recurso apropiado para los cuentos infantiles y la perorata de la ciencia ficción porque lo de verdad interesante no es lo imaginable sino lo ya vivido. Cierto es que la imaginación posee mucho prestigio y cuanto más imaginativo es un niño más se le valora en su desarrollo pero una cosa es esa imaginación que lleva al juego de la fantasía de los dibujos animados y otra la imaginación del adulto que llena con frecuencia las partes más débiles y desanimadas de un libro. El grado de un texto coincide con el drama que empuja característicamente detrás y de ahí ...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción