Berlín, 9 may (EFE).- La quema de libros por los nazis, de la que mañana se cumplen 80 años, se ha convertido en un símbolo de la persecución cultural y es recordada en Alemania como un acto de barbarie que presagiaba los hornos crematorios del Tercer Reich. "Donde se queman libros se terminan quemando también personas", es la frase del poeta Heinrich Heine que siempre se repite para recordar los acontecimientos del 10 de mayo de 1933, cuando universitarios quemaron en Berlín y en otras ciudades del país libros de espíritu "no germánico". Aquellos actos, que congregaron a miles de espectadores en las calles y en los que participaron profesores y miembros de las SS, marcaron el inicio de la censura y la persecución de intelectuales que caracterizaron al régimen nazi. La frase de Heine, muerto en 1856 en su exilio parisino, resultó profética y casi que parece pronunciada después de 1933 e, incluso, después de 1945, cuando se llegó a conocer...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción