Con
la samba y el carnaval, Brasil imprimió el martes su sello al cierre de
la XXV Feria Internacional del Libro de Bogotá, vitrina que como país
invitado de honor aprovechó para abrir un resquicio en la barrera
idiomática que lo ha aislado del resto de Latinoamérica.
Con sus 3.000 m2, en el recinto ferial destacó el pabellón de Brasil,
que fue visitado por más de 300.000 lectores y que vendió más de 6.500
ejemplares desde la inauguración del 18 de abril por el presidente Juan
Manuel Santos y la ministra de Cultura de Brasil, Ana de Hollanda.
"Lo que queríamos era acercarnos culturalmente más a Colombia
aprovechando el muy buen momento económico y político que hace cerca de
dos años hay entre los dos países", dijo a la AFP Rodrigo Almeida,
agregado cultural de la embajada brasileña en Bogotá.
Por ello, en esta ocasión Brasil sólo trajo a la Feria de Bogotá
libros que el comprador podía adquirir en portugués o español. "La
condición era que los escritores hubieran sido traducidos al español",
puntualizó Almeida. Pero el déficit de producción literaria brasileña
traducida al castellano es muy elevado por lo que Brasil tiene desde
hace dos años un programa de becas para formar traductores.
Brasil, que en 1995 participó por primera vez como invitado de honor
de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en esta ocasión no se
limitó a colocar en la estantería unos 800 títulos de 27 editoriales.
También desplazó a 50 escritores, que ofrecieron conferencias y
realizaron conversatorios con los asistentes a una de las citas
literarias más importantes de América Latina.
La escritora Nélida Piñón, el novelista Lêdo Ivo, el cuentista y
periodista Eric Nepomuceno, el periodista Fernando Morais, el escritor e
ilustrador Roger Mello, el poeta Affonso Romano de Sant'Anna, el
novelista Rodrigo Lacerda, y el escritor de libros para niños Ziraldo
Alves Pinto fueron algunos de los exponentes de las letras brasileñas
que visitaron Bogotá.
El espíritu de la cultura del gigante sudamericano trascendió la
tinta y el papel presentando una variada muestra de música y danza, con
cerca de 100 artistas que desfilaron por escenarios fuera del recinto de
Ferias y Exposiciones, donde, en 58.000 metros cuadrados, se
congregaron más de 500 expositores nacionales y extranjeros. "Esta feria
era una oportunidad muy grande para mostrar a Brasil", indicó Almeida.
En diferentes escenarios de Bogotá, a lo largo de estas dos últimas
semanas, desfilaron gratuitamente nuevas figuras de la música popular
brasileña, hubo presentaciones de capoeira y de danza contemporánea con
el reconocido grupo Cisne Negro, música de cámara y una muestra de la
vasta cinematografía brasileña.
El broche de cierre lo puso una alegoría del Carnaval de Rio de
Janeiro, verdadero emblema de Brasil en el mundo, con una veintena de
bailarines que convirtieron los pasillos de la feria en un sambódromo.
En cuanto a los resultados comerciales, se calcula que se alcanzaron los
20,4 millones de dólares en negocios durante los tres días que
reunieron a 100 compradores de 18 países de Iberoamérica más Estados
Unidos y Francia.
Esta cifra es superior a los 19,1 millones de dólares que sumó la
feria en 2011, explicó la organización en un comunicado. "El balance de
Brasil todavía no lo tenemos. La Cámara Brasileña del Libro, que es la
encargada de la parte comercial, nos ha dicho que los negocios van muy
bien, y que ha sido una gran oportunidad para los editores brasileños",
concluyó Almeida.
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