«Nada está a salvo del destino. Nunca admires al poder, ni odies al enemigo, ni desprecies al que sufre.»
Luis Buñuel
El "Buñueloni" consiste en mitad ginebra, un cuarto de cárpano y un cuarto de martini dulce. Buñuel me lo ofrecía cada vez que le visitaba en su casa de la calle de Félix Cuevas, en la Ciudad de México, los viernes de cuatro a siete, cuando Buñuel estaba en mi país. La casa no se distinguía demasiado de las demás de la colonia Del Valle. Buñuel había coronado los muros exteriores de vidrio roto, "para impedir que entren los ladrones".
No que hubiese mucho que robar en
la casa de Buñuel. Rodeada de espacios que no llegaban a ser jardín, la
casa misma (colonial-moderna, México-Califórnica) tenía en el vestíbulo
de entrada el retrato de Buñuel por Salvador Dalí, hecho en 1930.
-Es un buen retrato -comentaba Luis.
El bar era el lugar preferido.
-Empiezo a beber a las once de la mañana -dice sin más, ofreciéndome el resistible "Buñueloni".
Hay libreros en el bar. En primer término, gruesas guías telefónicas de diversas ciudades del mundo. Una tarde, esperando a Buñuel, me atrevo a mirar atrás de los libros de teléfono.
El bar era el lugar preferido.
-Empiezo a beber a las once de la mañana -dice sin más, ofreciéndome el resistible "Buñueloni".
Hay libreros en el bar. En primer término, gruesas guías telefónicas de diversas ciudades del mundo. Una tarde, esperando a Buñuel, me atrevo a mirar atrás de los libros de teléfono.
Boomerang
Comentarios