"Pero curiosamente -añade-, lo más preocupante es que no estamos
utilizando los elementos contrarios a los que non han traído hasta aquí,
porque siguen instaladas la mentira para confundir la cosas, la pelea y
los odios entre unos y otros, como si estuviera en el ADN del país. Es
una situación de emergencia y se necesita una tregua y que se dejen de
tonterías, porque hay que salir adelante", subraya este autor en una
entrevista con Efe.
A pesar de estas opiniones y de su constante alegato contra los
peligros de la cultura de la piratería y el "gratis total" que está, en
su opinión, esquilmando el tejido cultural y la industria, Ruiz Zafón
(Barcelona, 1946) no cree que el intelectual sea una casta que tenga que
estar implicada en la vida pública, porque piensa que muchas veces es
una cuestión de intereses creados y pequeñas servidumbres.
"Los escritores -argumenta el autor- no nos podemos abstraer de la
realidad, porque observamos para empaparnos del día a día y escribir
historias, pero lo de la implicación pública o que tus contribuciones
sirvan a la sociedad es un poco relativo".
"Creo que cada persona -continúa- lo que tiene que hacer, al margen
de su profesión, es llevar una vida honesta y contribuir a la sociedad
con lo que haga, ya sea poeta o carpintero".
Zafón se muestra relajado y sin un ápice de arrogancia o de gesto que
delate su enorme éxito, la saga de "El cementerio de los Libros
olvidados", la trilogía que comenzó con "La sombra del viento" y que
continuó con "El juego del ángel" y "El prisionero del cielo", ha
vendido 25 millones de ejemplares en todo el mundo.
Y ahora todos sus innumerables lectores esperan el último título con
el que Zafón cerrará esta serie centrada en un laberinto de libros en la
Barcelona gótica, que han sabido entender en los cinco continentes pero
del que el autor no quiere soltar ni prenda. "Sé cómo termina -aclara-
pero estoy en la ejecución y creo que saldrá en un año o año y medio
como mucho. Es una bendición que haya lectores esperando. Estoy muy
agradecido por la paciencia que tienen conmigo".
A caballo ahora entre Barcelona y Los Ángeles, donde vive desde 1994,
trabajando como guionista, Zafón no es muy dado a las apariciones
públicas, ni a conceder entrevistas. Su presencia en la Feria del Libro
de Madrid y hace unos días en la Biblioteca Nacional, donde intervino
con motivo de la celebración del tercer centenario de este santuario de
los libros, ha dado la oportunidad a sus lectores de tener las opiniones
de su ídolo más cerca.
Empedernido lector y amante de las librerías de viejo, de donde nace
la simiente de "El cementerio de los libros olvidados" como metáfora de
la memoria y la identidad, Zafón es un profundo admirador de Dickens,
con quien le han emparentado por el retrato y la narrativa que el inglés
hace del Londres del XIX, que comparan con su Barcelona del XIX.
Pero también es devoto de Dostoieski y Tolstoi, aunque dice, como
auguraba uno de sus personajes de "El prisionero del cielo", que la
novela negra ha sustituido a la novela social y que es la que
verdaderamente cuenta la historia del siglo XX.
"Vivimos en un mundo -precisa- en el que todo el mundo miente, en el
que todo son decorados para esconder intereses, y las únicas fábulas que
hoy nos explican y nos ayudan a entender lo que está pasando es la
novela criminal, que ve no cómo el mundo se presenta sino cómo es en
verdad, una jungla amoral, y que penetra como nadie en el corazón de la
naturaleza humana. En la novela negra reconocemos el mundo en que
vivimos", concluye.
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