Que puede oler la muerte, sino la genérica masiva y no conceptual, la idea de no parecerse a un producto reduccionista, sino la repetición que el autor en cada sueño logra ahuyentar, y que se propone como salida escribir, quizá para refrendar un pasado que lo atormenta. Ese es el terror de un ser que en su deambular trata a través de un sin números de suplicios dejar plasmado lo que vió y vivó unos treintas años atrás, pero que en el devenir del tiempo, aun percibe que nada ha cambiado.
En efecto es una dicha, si por decirlo así, excepcional tener que combatir en un mundo de recuerdos de acontecimientos, los cuales habían sucedido unos treinta años atrás. Tener como parte integradora de esos recuerdos el accionar de una pandilla de policías ladrones y corruptos, ver días tras días zanjar la privacidad de todo un vencindario, como así lo diseñó el escritor en su libro.
Una misma noche
son los retazos que aloja la memoria de un escritor, que como bien dice
el autor, Leopordo Brizuela, el premio Alfaguara de Novela 2012, no es
una novela sobre la dictadura argentina, sino que es un acto a la
memoria. "Pero estoy yendo rápido.
La historia que me propongo contar de aquella noche, sucede, ante todo,
en mi casa, la casa 9. Veamos por ahora al resto de los vecinos: Mi
memoria —la memoria del chico de doce años que era entonces."
Ese día
inquisitorio de la "patota", una patrulla militar argentina irrumpe y
arruina la memoria vinculada entre quien toca el piano y quien ejecutaba
a Bach, modificando para siempre la pasividad de quien mas luego será atormentado treinta años mas tarde para escribir los acontecimientos sucedidos. Ahí radica el monumento a la memoria que expresa el autor. "Ha dicho el jefe de policía: «Señor, para mí sólo pido lo más duro en el combate». Dijo el gobernador: «Primero los subversivos, después sus cómplices y por último..." "Asaltaron la casa de al lado —expliqué a Miki, al mediodía del martes—. Treinta años después, ¿comprendés? Los mismos métodos." "Yo había ido a Buenos Aires a hacer trámites y lo invité a almorzar. No concebía mejor confidente. Sólo él, me había dicho, podía asombrarse, fascinarse, como yo, por la repetición.
—Treinta y tres años después, ¿te das cuenta? Todo casi igual. ¿Qué es lo que perdura"
Sin duda que este escrito ha recibido un galardón como novela Alfaguara 2012, pero haciendo una introspección al mismo, quizá no
vea la gran novela que me esperaba. Mas que una novela de alar los
recuerdos, es mas bien una novela de un protagonista alineado a la
angustia, al salir de ese túnel que lo atormenta, pero que a través, del si digo o no, se pasea casi todas las páginas, manoseando el estado de libertad, la cual nunca llega, pues lo métodos no han cambiado. "Para ser sincero, escribí en estado de inspiración, tenía tanta necesidad de escribirla que no sé si tuve elecciones demasiados concientes, sólo pensaba en desentrañar esa historia, que iba eligiendo sus modos, sus palabras. Era un tono que la novela misma exigía".
En sus manos.
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