A través de estas cartas
-muchas de las cuales se traducen por primera vez al castellano-, el
lector tiene la sensación de estar leyendo la autobiografía
desgarradoramente personal del hombre que cambió la historia de la
literatura americana.
«Faulkner.
Faulkner. Yo he leído páginas de Faulkner que me han dado la sensación
de que es inútil seguir escribiendo. ¿Para qué corno? Si él ya hizo
todo. Es tan magnífico, tan perfecto.»
Juan Carlos Onetti
COMIENZO DEL LIBRO
[timbrada 6
septiembre 1925] París
septiembre 1925] París
Acabo de escribir algo tan bonito que estoy a punto de estallar: 2.000 palabras sobre la muerte y los jardines del Luxemburgo. Tiene un sutil reto argumental, sobre una mujer joven, y se trata de poesía aunque esté escrito en prosa.8 He trabajado en ello durante dos días enteros y cada palabra es perfecta. Apenas he dormido en dos noches, pensando en ello, comparando las palabras, aceptándolas o rechazándolas, y cambiándolas de nuevo. Pero ahora está perfecto; una joya. Voy a dejarlo a un lado por una semana, luego lo mostraré a alguien para que me dé su opinión. Así pues, mañana me levantaré hecho polvo, supongo. La reacción. Pero merece la pena haber hecho algo así.
Tengo más de
20.000 palabras de mi novela, y he escrito un poema tan moderno que ni
siquiera yo sé lo que significa. Frío para [¿la época?]: incluso los
naturales de aquí admiten que hace bastante frío. Si llega la época de
las lluvias antes de haber terminado la novela, creo que volveré a
Italia. Animado y fresco, pero agradable -con mi trinchera- en el
jardín. He llegado a considerar el Luxemburgo como mi jardín actual. Me
siento a escribir en él, y lo recorro para ver a los niños y los
partidos de críquet. Siempre llevo un trozo de pan para dar de comer a
los
gorriones.
gorriones.
Está el más majestuoso mármol en
la galería de exposiciones: un niñito gordo de año y medio
aproximadamente, con un suéter y un gorro de punto, inclinándose para
coger su pelota. Está tan gordo y arrebujado que apenas puede doblarse, o
erguirse de nuevo: querrías ir a ayudarle. En francés, a un niño de más
de cuatro o cinco años se le llama «le petit», que significa «el pequeño». Se dice «Mira al pequeño », lo cual es delicioso, creo yo.
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